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EXISTE RELACIÓN ENTRE STRESS Y REACCIONES ALÉRGICAS?

09/12/2014


Fuente: Dr. Mario Paz Serrate

Hay una clara relación entre los sistemas inmune, endocrino y nervioso, compartiendo los caminos biológicos hacia el estrés y sus principales socios que son la Ansiedad y la Depresión para luego impactar en el cuerpo y desencadenar o agravar una reacción alérgica,sea una afección respiratoria (Asma o Rinitis) o dermatologica (Urticaria , Eccema).

Esta comunicación, destinada de manera especial a los pacientes y sus familias, que confían su salud y bienestar en los profesionales de esta prestigiosa institución, tiene como objetivo principal hacerles conocer el rol del estrés, una verdadera epidemia de la vida moderna, y su fuerte vinculación con las enfermedades alérgicas. Las demandas de este mundo globalizado que tiene como valores esenciales: la competencia, el status social, la inmediatez en los logros, en un marco de autoexigencias y de vivir de prisa, se acompañan como contrapartida de efectos colaterales tales como frustraciones, ansiedad, depresión, y muchísimo estrés. El estrés es una respuesta del organismo psicofisiológica frente a una situación de peligro que prepara al individuo para defenderse o escapar. Esta respuesta psicofisiológica, conocida como” respuesta adaptativa” permite restablecer el equilibrio perturbado frente a una demanda psicológica, física o inflamatoria. En el estrés agudo (eutres) se liberan una serie de hormonas, neuropéptidos y neurotrasmisores que producen una rápida movilización de recursos para afrontar la situación de peligro, lo cual es normal y beneficioso para la salud ya que en poco tiempo nos adaptamos, salvo que el estresor sea muy intenso o la persona que lo padece, muy vulnerable. Cuando la respuesta adaptativa no alcanza para volver al equilibrio, que en términos médicos se conoce como homeostasis, cuando la situación no se resuelve y persiste en el tiempo, la persona padece de “”estrés crónico”. El estrés crónico provoca síntomas emocionales a través de la percepción de que nuestros recursos son insuficientes ante las demandas del medio, produciendo además una alteración de la respuesta inmune modificando y comprometiendo nuestras defensas, convirtiendo a nuestro cuerpo en terreno fértil para enfermedades infecciosas, metabólicas, oncológicas o cancerosas y, de manera especial, inflamatorias como las alergias y las afecciones cardiovasculares. Estos conocimientos nos son legados desde estudios realizados en las últimas cuatro o cinco décadas y que provienen de la Inmunología básica, Neurociencias, Endocrinología y Psicología Experimental. Ellos muestran con claridad la relación existente entre los sistemas inmune, endocrino y nervioso en lo que hace a sus funciones y a sus propiedades reguladoras entre sí, por lo que comparten los caminos biológicos el estrés y sus principales socios: la ansiedad y la depresión, para impactar en el cuerpo y desencadenar o agravar una reacción alérgica, sea una afección respiratoria (asma o rinosinusitis) o dermatológica (urticaria, eccema). Estos estudios sobre estrés y alergias son muy importantes, ya que ambas enfermedades tienen proyecciones de un crecimiento exponencial en el futuro próximo. En la actualidad las enfermedades alérgicas, ocupan el quinto lugar en prevalencia en lo que hace a las enfermedades crónicas en países desarrollados. Estas afecciones, que por lo general no ponen en peligro la vida, tienen un factor en común que es generar una muy mala calidad de vida, pero en situaciones de estrés sin embargo, pueden tener severas complicaciones quienes sufren de asma bronquial, ya que algunas crisis pueden volverse mortales. Considero de importancia conocer que el estrés no resuelto y las situaciones de tensión provocan reacciones más graves, prolongadas o simplemente que se repiten con mayor frecuencia. Esto enseña a médicos y pacientes a estar más atentos a las manifestaciones de la enfermedad alérgica que se padece cuando se atraviesa una situación de conflicto emocional o una situación nueva que afrontar. Cuando logramos resolver una emoción negativa, y modificamos lo psicológico, también logramos modificaciones en lo neurológico, endocrinológico e inmunológico. Aunque existen estudios de laboratorio y distintas baterías de cuestionarios para valorar y medir el estrés, consideramos que la historia clínica, la experiencia y la relación médico-paciente son las mejores armas para conocer el grado de estrés que pueda tener nuestros pacientes alérgicos y de esa forma lograr el mejor abordaje de la afección que lo trae a la consulta. Siempre se debe tener presente que muchos pacientes portadores de distintas alergias y en particular aquellos que sufren de asma “expresan con el cuerpo lo que no pueden poner en palabras “.




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